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sábado, 29 de agosto de 2009

Otro monstruo


Parecía ya olvidado el monstruo de Amsteten, ese austríaco desquiciado con su casa de los horrores particular, y ahora aparece otro elemento parecido en su maldad. Se llama Philip Garrido, vive en California y está acusado de secuestrar a una joven de once años y mantenerla en el patio de su casa durante dieciocho. Entre las acusaciones está la de secuestro, violación y abusos sexuales a esta niña ahora con veinte y nueve años y con la que ha tenido dos hijas. Dieciocho años viviendo en el patio trasero de una casa y siendo constantemente violada por un endémico sádico que no merece otro sino que el que le impongan y tenga que cumplir por imposición del tribunal que lo juzgue.
¿Cómo puede llegar el ser humano a degradarse de tal manera que prive de la oportunidad de vivir a otra persona?, ¿tenemos acaso seis vidas para poder desperdiciar una con ensayos y vivir las restantes como debe hacerse con la única que tenemos?, ¿no nos hemos dado aún cuenta que sólo contamos con unos pocos años para hacer todo lo que quisiéramos hacer en esas seis vidas?
Quizás algún día nadie tenga que sufrir las desquiciadas locuras de gentes insensatas porque todos entendamos que sólo es un puñado de años los que nos quedan por vivir.

lunes, 23 de febrero de 2009

El Monstruo de Amstetten


Su madre se dejó embarazar por otro hombre que no era su marido porque éste la quería convencer de que era estéril y ella, utilizando a ese otro hombre sólo para tener un hijo, engendró a este monstruo austriaco para así rebatir la idea de su marido. De ese embarazo nació Josef Fritzl, el creador del crimen más horrendo y despreciable que ha acusado la sociedad en su historia. Este Abominable hombre encerró, maltrató, golpeó y abusó de su propia hija durante veinte y cuatro años en un zulo, ubicado debajo de su propia casa, de poco más de dieciocho metros que luego amplió a cuarenta porque de sus actos atroces tuvo siete hijos-nietos que a la vez eran hijos-hermanos de la hija atropellada sexualmente. Sometía a patadas y a golpes a su hija y la amenazaba con dejarla sin luz ni comida a ellas y sus hijos si no accedía a sus abusos. De esos siete hijos dos fueron mellizos y fue precisamente este animal austriaco el que atendió el parto. Uno de los mellizos comenzó a ponerse azul por la falta de oxígeno en sus pulmones y ante la pasividad de su progenitor el pequeño murió axfisiado. Luego Josef Fritzl recogió el cuerpecito del niño y lo echó en la caldera del zulo. Las cenizas fueron esparcidas en el jardín. Después de ésto, el pederasta liberó a tres de los niños, uno a uno, y con la frialdad de un asesino, dejó una carta en la que tomaba la persona de su hija y comunicaba que había sido secuestrada por una secta y que dejaban libres a sus hijos para que sus abuelos los criasen. Lo que después vino ya se sabe. Ahora comienza el juicio a esta aberrante historia mientras Josef Fritzl ultima los últimos flecos para vender su historia a la prensa y ganar cuatro millones de euros que alivien las deudas de su empresa.