
Recogió en el suelo el mismo panfleto que le anunciaba al mismo abogado que le estaba llevando el caso de su violación. Él mismo era el que le había dicho que tenía un papel firmado del ginecólogo que decía que estaba embarazada y que si seguía en su obstinación por abortar podía perderlo todo y la resolución del caso variaría en detrimento a sus intereses. Su abogado le fijó un plazo de dos semanas, si no conseguía nada podría abortar como era su deseo. Luego le pidió otra semana más y cuando acabó le dijo que estaba fuera de tiempo, que si abortaba le llevaría él mismo al tribunal, que aquel feto había sido impuesto por su dios y que debía seguir con vida. Ella nunca supo del pasado de su abogado, su pasado eclesiástico.






