domingo, 16 de octubre de 2011

Sonrisa despeinada....












......y siempre pensó que el destino le era tan injusto como lo era la vida con aquellas hormigas que evitaba pisar, camino del parque, en busca del hombre que nunca fue suyo. Y miraba de soslayo a la inmensa luna que reinaba sobre el cielo, mientras su larga melena jugueteaba con el viento, antojadiza, como habían sido todos los caminos por los que había deambulado en la vida, siempre sin una senda clara que llegara al final de su viaje. Y siempre pensó que su sonrisa estaría despeinada por ir en contra del destino y que sus hermosos ojos jamás desprenderían la luz que emanaban cuando lo veía.


Nunca estuvo de acuerdo con su sino hasta el justo momento en el que el hombre que nunca fue suyo dejó de serlo.




martes, 21 de junio de 2011


Abrí la puerta con la intención de encontrarla allí. La luz de la habitación se sostenía con un lúgubre brillo que emanaba de una lámpara que había en la mesita junto a la cama, acariciando cada curva que dibujaba aquel cuerpo bajo la sábana. Sabía el peligro al que me enfrentaba si cruzaba el umbral de esa puerta pero el deseo de alcanzar las salvajes sacudidas de aquel cuerpo me hicieron perder el miedo a lo conocido.
Busque la sinrazón que obliga al hombre a claudicar ante la pasión y encontré la razón que hace sucumbir a dos cuerpos sedientos de placer. Me acerqué sigiloso. Quité la sábana que cubría su hermoso rostro y le di un beso en la mejilla. Otro beso buscó la otra mejilla pero zozobró en sus labios. Un mordisco en su cuello abrió la veda de la pasión.
El redoble de mi corazón despertó a la noche y con ella mi letargo. Abrí los ojos y encontré mi mundo vacío, aún con la fresca sensación de haberlo vivido. Supe entonces que sólo fue un dulce sueño.

sábado, 18 de junio de 2011

Soldedad


Me senté en aquel banco que me sentía día tras día desde que conocí a Pepa en aquel hospital. A las puertas del asilo, la esperaba impaciente para dar nuestro paseo diario y conocer más de sus historias pasadas.

Mientras esperaba recordé el día que la conocí. Pepa deambulaba sola, perdida por los laberínticos pasillos de aquel odioso hospital, sorteando las torpezas de su avanzada edad, buscando ciega la sala de oncología. Tenía cáncer.

Recuerdo que, mientras la acompañaba cogida a mi brazo, le pregunté por qué venía sola. Ella, reflejando en sus ojos una tristeza suprema, me dijo que sólo tenía un hijo y que su mujer, su nuera, le había dicho que no quería malgastar una vida cuidando a una anciana. Me contó que estaba sola desde que su marido falleció y que su hijo ni siquiera sabía de su enfermedad. Su vida se centraba en la soledad de aquel asilo.

Llevo viniendo a este banco hace ya casi cuatro meses y ayer me dijo Pepa que yo para ella era como un hijo. Ayer, cuando se despedía, me miró con unos ojos repletos de lágrimas de felicidad y una sonrisa que cubría toda su cara.

Pepa se retrasaba media hora y decidí preguntar al chaval que estaba en la sala de acceso al asilo. -¿Pepa?, me dijo el controlador, esa que decía que tenía otro hijo.......murió anoche.

lunes, 16 de mayo de 2011

Buscando amistad.

Tuve que trasladarme por trabajo a un pequeño pueblo de la provincia. Un pueblo de esos que casi todos saben de todos; de esos que aún guardan la fragancia del campo en sus calles; de esos en los que en cada esquina hay un anciano con ganas de decir “buenos días”. Me alojé en un barrio tranquilo, como casi todos los de aquel pueblo, con gente sana que pronto conocí.

Lo más curioso de todo aquel pueblo era un hombre que podía estar ya jubilado, por las arrugas que definían su cara rechoncha. Sus ojos caídos, su media sonrisa y su saludo con la mano me decían que podía ser muy buena gente, aunque me extrañaba que siempre estuviera solo. Cada vez que pasaba por aquel mismo árbol de ramas fuertes y poderosas me lo encontraba, a uno o a otro lado, con la misma sonrisa dibujada en su cara. Ya podía ser de noche, en la mañana o en la tarde, siempre estaba allí.

Una mañana, recuperando periódicos viejos para pintar el hueco de la escalera, encontré una noticia de hacía 4 meses. En ella decía que no pudo soportar más su soledad y que decidió quitarse la vida ahorcándose en un árbol del municipio. En la foto, un hombre de cara rechoncha, ojos caídos y media sonrisa.

viernes, 1 de abril de 2011

Si.........








Si alguna vez el ser humano se diese cuenta de que sólo será una vida, corta o larga, la que nos han prestado para cruzar este lago del tiempo, quizás decidiéramos mirar más a la orilla, a los árboles que nos saludan mecidos al son del viento en los márgenes, a los pajarillos que nos embaucan con su cantar, al sol jugando al escondite con nubes de formas tan inverosímiles o quizás a la misma agua.

Pero seguimos empeñados en cruzar el lago con una lancha a motor de elevada potencia, con velas de seda y amarres de oro, sin importar si en nuestro camino dejamos atrás a los que no pueden atravesar el lago a nado, medio ahogados.

domingo, 6 de febrero de 2011

creencias

Agudicé mi ingenio con la maña que él mismo lo hacía. Tantas veces lo vi hacer que llegué a creer que no era pecado. Hasta el vino llegué a tomar a escondidas cuando él se iba, con presura, después de la misa de las 8 cada Lunes. Sólo los lunes y algunos domingos que había fútbol en la capital. Se quitaba el traje negro y no decía nada. El brillo en sus ojos decía lo que sus labios callaban. Entonces se iba con la rapidez del que su alma es llevada por el diablo.
Yo me encargaba de todo luego. Era cuando aprovechaba y recogía esas monedas que tan amablemente habían echado los fieles y me las gastaba con mis amigos. O los llamaba y nos bebíamos entre todos una botella de aquel buen vino.
Un lunes, durante la misa de las 8, entró una mujer hermosa y bien definida en todas las partes de su cuerpo. Ella buscó un sitio cerca del altar. Vi en el joven cura el mismo brillo en sus ojos que tenía cada vez que salía raudo los lunes o los domingos de fútbol. En los ojos de ella vi reflejado el miedo y el desconcierto. Desde aquel día ya no se supo más de ella. A los nueve meses, las malas lenguas decían que había sido madre.