
domingo, 16 de octubre de 2011
Sonrisa despeinada....

martes, 21 de junio de 2011

Abrí la puerta con la intención de encontrarla allí. La luz de la habitación se sostenía con un lúgubre brillo que emanaba de una lámpara que había en la mesita junto a la cama, acariciando cada curva que dibujaba aquel cuerpo bajo la sábana. Sabía el peligro al que me enfrentaba si cruzaba el umbral de esa puerta pero el deseo de alcanzar las salvajes sacudidas de aquel cuerpo me hicieron perder el miedo a lo conocido.
lunes, 16 de mayo de 2011
Buscando amistad.
Tuve que trasladarme por trabajo a un pequeño pueblo de la provincia. Un pueblo de esos que casi todos saben de todos; de esos que aún guardan la fragancia del campo en sus calles; de esos en los que en cada esquina hay un anciano con ganas de decir “buenos días”. Me alojé en un barrio tranquilo, como casi todos los de aquel pueblo, con gente sana que pronto conocí.
Lo más curioso de todo aquel pueblo era un hombre que podía estar ya jubilado, por las arrugas que definían su cara rechoncha. Sus ojos caídos, su media sonrisa y su saludo con la mano me decían que podía ser muy buena gente, aunque me extrañaba que siempre estuviera solo. Cada vez que pasaba por aquel mismo árbol de ramas fuertes y poderosas me lo encontraba, a uno o a otro lado, con la misma sonrisa dibujada en su cara. Ya podía ser de noche, en la mañana o en la tarde, siempre estaba allí.
Una mañana, recuperando periódicos viejos para pintar el hueco de la escalera, encontré una noticia de hacía 4 meses. En ella decía que no pudo soportar más su soledad y que decidió quitarse la vida ahorcándose en un árbol del municipio. En la foto, un hombre de cara rechoncha, ojos caídos y media sonrisa.
domingo, 6 de febrero de 2011
creencias
viernes, 11 de junio de 2010
A un centenario abuelo
Ni siquiera el testigo principal pudo decir en su declaración que aquel escrito que había enviado el abuelo de Tomás era verdad. Ese viejo papel versaba de cómo el abuelo, cuando era soldado, esquivó las balas en la batalla del Ebro, de cómo vio la muerte tan cerca que casi le alcanza y de cómo se las ingenió para largarse de una guerra que no era suya. Fueron casi setenta años los que pudo ocultar aquella treta, alegando alergia a una plaga casi mortal cuando simplemente se untó el líquido viscoso de una pita por su cuerpo. Aquello le sirvió para seguir viviendo, casi hasta los cien años, estar con los suyos y ser marido, padre, abuelo y bisabuelo ejemplar.
Cuando el juez militar escuchó las partes denunciantes y denunciadas sentenció: Declaro al acusado culpable de querer vivir.
jueves, 27 de mayo de 2010
SIn querer ser

- Te parecerá mentira si ahora te digo que mi padre está orgulloso de venir a buscarme a prisión. No sabes el revuelo que ha levantado la noticia en la calle. Lástima que no pueda llevarte conmigo porque has sido mucho para mí.
Juan hablaba a un dibujo que él mismo había fabricado con saliva y migas de pan. Lo tenía en la cabecera de la única cama que habitaba en aquella celda. A su compañero le llamaba Alfred porque de pequeño se enganchó a las películas de Hitchcock. Aquel monigote que colgaba de la pared había escuchado más de mil veces las ridículas historias que su compinche de habitación le había contado. Si ese ser inanimado hubiese tenido la posibilidad de correr lo habría hecho sin dudarlo un solo minuto, como ya le había sucedido a otro ser, esta vez animado, que colocaron junto a Juan en la misma mazmorra. Aquel tipo duró sólo una noche. Tuvo que tener la correa suficiente para no dejarse enloquecer más aún y por la mañana pidió que le trasladasen. Como escusa le dijo al director del manicomio que “aquel chiflado había estado toda la noche hablando de pájaros que atacaban a las personas, de un asesinato en una ducha o de la persecución de una avioneta a un hombre”.
El director del sanatorio mental entró en la habitación de Juan en la misma mañana. Antes si quiera de mirarlo a la cara comenzó a insultarlo y a maldecirlo. No podía ser que aquella celda se quedara siempre vacía por su culpa, por sus estupideces peliculeras y por su obsesión por Hitchcock. Se sentó sobre la cama mientras Juan permanecía en el rincón junto a la ventana, en cuclillas y cubriéndose la cabeza mientras en voz baja y titubeante repetía “no lo hagas, es el director”.
En la tarde encontraron al director muerto en la celda de Juan. Un cuchillo estaba clavado sobre su cuello. En el mango del cuchillo restos de migas de pan aún permanecían húmedas.
domingo, 14 de marzo de 2010
Cegado

El encuentro había sido precalentado desde varios días atrás. Rafael llevaba la cabeza como una jaula de grillos después de haber escuchado a su mujer sumiso como un gato de Angora. Entró en aquella casa como un poseído, como un animal herido, como un perro rabioso buscando una presa donde saciar su maldad y la encontró. Sentada en su silla de enea de siempre, Carmen cosía los agujeros de un calcetín gastado por el tiempo. La sonrisa que asomó a sus labios al verle se tornaron lágrimas que salían de su corazón al recibir de Rafael una tronada de insultos y sentencias firmes, de amenazas descerebradas para que dejase en paz a su mujer, para que no se mofase más de ella.
jueves, 18 de febrero de 2010
Juicio rápido

Pido la absolución para mi acusado, Señoría. Después de ver como camina Europa en la senda de la economía, y peor aún España, que ni siquiera un mago es capaz ya de convertir un billete de cinco euros en uno de quinientos; metido como estamos en este cubo sin fondo del que nos costará salir, a unos ciudadanos más y a otros mucho más, como es el caso de mi defendido, que no tiene ni para pagarme, con dos hijos y cuatro hijas y en el desempleo desde hace casi dos años, veo injusto que se le quiera juzgar por el hecho de sentarse en un restaurante de cuatro tenedores, hartar a su familia y marcharse sin pagar. Por ello, Señoría, pido que se le exima del señalamiento público al que ha sido sometido, sea absuelto inmediatamente y que, por supuesto, se le invite a toda su familia a comer otra vez allí.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Presunción de inocencia

Sólo le comenté algunas verdades de lo que me ocurría y la cara de mi abogado era la de un espectro del más allá. Yo no entendía de malversación, ni de nada, le dije, y me habían colocado una multa que no pagaría ni en una vida entera en el ayuntamiento. Le expliqué, como mejor supe, que yo no era de esos que van gastando los fondos públicos, ni colocando a sus amigos en puestos oficiales. Le dije que el morbo estaba servido si salía a relucir la incoación del caso y que era su jurisdicción salvarme de aquel atropello. Le comenté, que si salía impune, su mujer y su hermano trabajarían para mí en el ayuntamiento.
jueves, 26 de noviembre de 2009
Equívoco
Equívoco
Un ruido estridente lo dejó sordo. Intentó salir del local oscurecido ahora por la intensa niebla que se produjo y así poder esclarecer sus doloridos ojos, que lagrimeaban como si fuese un niño pequeño al que no conceden un deseo. Serpenteando por el suelo e intentando no zozobrar en el intento, fue dejando atrás aquel frío imperio de mármol toqueteando con sus manos y guiándose con ellas como si fuesen sus ojos. La puerta electrónica se abrió al sentir su mano y se deslizó por los escalones. Sus ojos vidriosos no reconocían más allá de dos metros y, creyéndose libre de los atracadores, se reincorporó buscando un pañuelo en su bolsillo para secar sus ojos. En ese mismo instante una voz le dijo que no lo hiciera. Una ráfaga lo tiró de nuevo al suelo.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Destino

Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, sueño con volver a ser la misma, aquella mujer que amaba sin límites, sin concesiones, a esa persona que me hacía vivir mis ilusiones más dulces con los ojos abiertos. Volver a ser persona, mujer, esposa, madre e hija, todo en una misma, con la misma utopía del primer día. Se me dibuja una sonrisa, esa misma sonrisa esbozada del recuerdo pasado es la llave para otro nuevo golpe.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Egoismo

Recogió en el suelo el mismo panfleto que le anunciaba al mismo abogado que le estaba llevando el caso de su violación. Él mismo era el que le había dicho que tenía un papel firmado del ginecólogo que decía que estaba embarazada y que si seguía en su obstinación por abortar podía perderlo todo y la resolución del caso variaría en detrimento a sus intereses. Su abogado le fijó un plazo de dos semanas, si no conseguía nada podría abortar como era su deseo. Luego le pidió otra semana más y cuando acabó le dijo que estaba fuera de tiempo, que si abortaba le llevaría él mismo al tribunal, que aquel feto había sido impuesto por su dios y que debía seguir con vida. Ella nunca supo del pasado de su abogado, su pasado eclesiástico.
lunes, 26 de octubre de 2009
Cambio de vida
El hombre luce una inquietante sonrisa. A pesar de todas las desgracias que han acaecido en su vida hasta dejarlo en la ruina dos veces, ahora, detrás de esa cristalera, él mantiene una sonrisa en sus amoratados labios y blanquecino rostro que nunca había esbozado. Quizás sea eso, ese tránsito de una a otra vida y el saber que dejará atrás todos sus infortunios acumulados lo que le haya servido para ganar una sonrisa perenne en el tiempo.
Juan, tumbado en un féretro, sabe que es ésta su única oportunidad para dejar atrás sus desgracias, no puede dejar de sonreír.
jueves, 22 de octubre de 2009
El valle
Cielos, cómo brilla hoy el valle, mirad, es como si una capa de rocío cubriese todos los cerezos. La pequeña bajó del coche y corrió a un refugio que había para mirar el valle desde arriba, en el puente que lo cruzaba. Sin acercarse al precipicio, observó la hermosura de la alfombra que corría bajo ella. Su padre se colocó detrás y le susurró que no tuviese miedo, que él la protegería siempre.
De ésto hace ya tres años y desde entonces, cada domingo, cuando florece el Jerte, ella viene a ese mismo puente y con sus lágrimas da brillo a los cerezos. 
miércoles, 14 de octubre de 2009
Embarazo deseado

Era la primera vez que la abogada salía de su casa después de haber recibido un panfleto de extorsión exigiéndole el temido impuesto revolucionario, en el que les pedían una gran cantidad de dinero a cambio de no dañar a nadie de su familia. El plazo para el pago caducaba ese mismo día pero la abogada estaba tan ilusionada que no quiso dejar pasar la visita al médico, dispuesta desde hacía tiempo, desde que supo que estaba embarazada del que sería su primer y esperado hijo. Habló con su ginecólogo de lo que le había ocurrido con esa carta y que como resolución habían decidido no pagar. El hombre le dijo que era lo mejor, que no se dejase extorsionar. Ella vio como su ginecólogo cogía una jeringuilla y la llenaba de un líquido amarillo. Al día siguiente, junto con un líquido ambarino, orinaba algo parecido a un feto.
sábado, 3 de octubre de 2009
La noche perfecta

Fresca, brillante, antihistamínica. Así le recibió la luna. Una noche dotada de hermosura para hacer lo que más le gustaba. Se bajó en uno de los barrios más pobres de la ciudad, pagó al cochero y se desvaneció entre los reflejos de su luna. Sabía que las prostitutas andarían locas buscando carne humana para hacerse con algo de fortuna para comer. Vio una a lo lejos. Era su presa perfecta. Andaba sola y por los tumbos que daba entendía que podía estar ebria. Se acercó a ella y le propuso sexo. Mañana, en todos los periódicos, otro titular hablaría del destripador.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Guerrilla

Descendió la ladera a toda velocidad intentando ocultarse de sus perseguidores. La adrenalina le cabalgaba por la venas al ritmo que su corazón desbordado le ordenaba. Quitó el dedo del gatillo y se relajó detrás de una gran piedra. Sabía que ese no era un lugar adecuado porque no protegía todos sus flancos pero debía dar una tregua a su cansancio. Tomó aire y decidió cubrirse tras unos bidones caídos. Antes que pudiera abandonar el recoveco de la piedra oyó como dos de sus enemigos hablaban acercándose, los tenía tan cerca que casi podía oler el acero de sus armas. De pronto todo se quedó en silencio, sólo el silbido del viento contra la roca. Sus pulsaciones volvieron a hervir. Una sombra corrió por delante suya. El silencio quedó quebrado por un disparo certero que le dio en el pecho. El olor a pintura del proyectil que chocó contra su chaleco inundó el recoveco de la roca
lunes, 10 de agosto de 2009
El valor de la vida

Partió el cielo en mil pedazos y su luz cegó al pequeño nipón que miraba desde la ventana de aquel gigantesco rascacielos. El niño comenzó a contar para sus adentros, como lo hacía cuando sus padres repartían las golosinas entre sus hermanos, y al contar la tercera que caía en la bolsa que pendía de sus manos se dejó descolgar desde el cielo un ruido atronador que hizo temblar los cuadros que tenía en sus paredes. El pequeño dejó de contar las chucherías y al saber que antes, en el anterior rayo, había contado más de lo que lo había hecho en esta ocasión, se retiró del cristal a toda velocidad, sorteando su cama y cientos de coches micros que se desparramaban por el piso, corriendo hacia el cuarto dormitorio de sus padres, ayudado por la luz refulgente de otro rayo. Comenzó a contar de nuevo pero esta vez no fue capaz de contar sólo dos gominolas y otro retumbar de tambores descargó sobre la selva de rascacielos. El pequeño aceleró su paso lanzándose a la cama entre sus padres, se acurrucó entre ellos y cerró los ojos. Otro niño, en los arrabales, era arrastrado por el agua.
sábado, 1 de agosto de 2009
Desolación
Entró en el patio de aquella desvencijada casa de dos plantas detrás del dueño de la que podía ser su residencia en aquellos futuros días. Su pequeño, de la mano, era más bien arrastrado que guiado tras la estela del anciano que ya comenzaba a abrir la puerta. Enganchados a las rejas de seguridad que bordeaban el patio de la planta superior, los vecinos de la segunda planta hablaban entre ellos acerca de la nueva inquilina. El color de su piel fue el primer blanco al que dispararon sin considerar la presencia ni de ella ni de su chiquillo; el segundo blanco no fue sino el ennegrecido cuerpo de la nueva inquilina al que le cayó una lluvia de escupitajos que ni el Katrina en su recorrido americano. Ni uno sólo de aquellos insultos lanzados desde el cielo cayeron en el cuerpo inocente de la madre que dio un último empujón a su hijo que casi arrolla al anciano al salón. Un vistazo a aquellas escuetas habitaciones, tan rápido como su último empellón a su hijo para entrar en la casa, para decirle al pobre anciano que no era de su gusto aunque le costase más decirle un “no” a Tomás que entender la actitud grotesca de los que nunca podrían se sus vecinos, de aquellos animales encerrados en cuerpos de personas sin corazón. Sin decir más y aunque aquella casa podría ser más de lo que podría encontrar, le pidió al longevo hombre un paraguas que colgaba de una silla cerca de la puerta de entrada a la cocina y se despidió cortésmente de Tomás. Abrió el paraguas al salir y cobijó a su hijo bajo él. Sintió como el katrina descargaba otra vez con rabia.
lunes, 27 de julio de 2009
Mi estrella

Hacía tanto calor que subí a la terraza. Yo no la había visto, quizás tampoco me fijé en ella porque la brisa que hacía arriba me robó el calor que ya no soportaba mi cuerpo y porque no era a ella a quién buscaba. De repente un guiño, desde lo más alto, después otro relampagueante cerrar de ojos y la vi, bella y altiva, casi cegadora se me antojó si la mirase de cerca. Se dejó ver luminosa y se dejó caer desde lo más alto. Seguí su rastro refulgente que iba dejando y cuando la perdí de vista, aunque me lo habían dicho y no creo en esas cosas, pedí un deseo.

